Reproducción e incubación
Fertilidad, incubación, eclosión, papel del gallo: las respuestas de Elsanor, respaldadas por las tasas medidas en nuestra granja.
14 preguntas
La fertilidad depende de la edad de los reproductores, la estación, la alimentación y el estado sanitario. Baja de forma natural con la edad del gallo y las gallinas, al final de la temporada, o por estrés o carencias. Un buen manejo y una selección rigurosa la mantienen alta.
La cluequez es un comportamiento hormonal natural: la gallina deja de poner, permanece en el nido e intenta incubar huevos. Algunas razas (como la Sedosa) se echan cluecas con mucha facilidad, otras casi nunca.
Un buen reproductor se ajusta al estándar de su raza, está sano, es vigoroso y procede de una línea de resultados conocidos. Se prioriza la regularidad (puesta, fertilidad, temperamento) antes que un único criterio espectacular.
Una buena línea se juzga a lo largo del tiempo: conformidad al estándar estable de una generación a otra, buena fertilidad, buena incubabilidad y salud sólida. El historial de la cría y sus resultados son los mejores indicadores.
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Es una línea trabajada durante varias generaciones para fijar cualidades precisas (tipo, puesta, salud) eligiendo cuidadosamente los reproductores en cada cruce. Es el núcleo de nuestro oficio de seleccionador. Nuestra selección se basa en la conformidad de los ejemplares con el estándar de su raza, y presentar ejemplares en exposiciones confirma el trabajo realizado.
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La fertilidad depende de la genética de la raza, pero también del manejo (edad de los reproductores, alimentación, estación, proporción gallo/gallinas). En igualdad de condiciones, algunas líneas transmiten mejor fertilidad. A ello se suma la fisiología: la ausencia de cola, una cola larga, una cola esponjosa, un moño voluminoso... influyen en la facilidad de la fecundación. Algunas razas también presentan una libido más o menos marcada.
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La cluequez se ha conservado más o menos según la raza: las razas antiguas y rústicas suelen incubar bien, mientras que las muy seleccionadas para la puesta han perdido en gran parte este instinto. Es una aptitud genética: aunque puede haber excepciones, unas razas incuban mejor que otras — indicamos la capacidad de cluequez de cada raza en nuestro sitio.
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La Sedosa tiene fama de ser la mejor clueca y una excelente madre adoptiva; la Pekín, la Cochinchina y la Brahma también incuban muy bien. Cuidado, no obstante: las razas gigantes de patas emplumadas son bastante torpes con los huevos y durante las primeras horas de los pollitos.
Depende de su tamaño: una gallina enana incuba de 5 a 7 huevos, una raza mediana de 8 a 12, una raza grande hasta unos quince. Lo importante es que pueda cubrirlos todos correctamente. Y sobre todo hay que procurar que la incubación empiece al mismo tiempo para todos los huevos, porque una vez que eclosiona el primer pollito, la gallina no se queda a esperar a los últimos.
Se retienen huevos limpios, de calibre y forma normales, ni demasiado pequeños ni demasiado grandes, con la cáscara intacta y de reproductores sanos. Se descartan los huevos agrietados, sucios o deformes. Puede ser arriesgado añadir huevos cuya edad se desconoce: un huevo podrido que estalla en una incubadora aporta muchos gérmenes nocivos a los demás.
Se almacenan con la punta hacia abajo, a 12-15 °C y al abrigo de la humedad, idealmente menos de 7 días. Un ligero volteo diario mejora los resultados. Cuanto más larga es la espera, más baja la incubabilidad.
En la gallina, la incubación dura unos 21 días, ya sea bajo una clueca natural o en incubadora. En incubación artificial (incubadora), los últimos días ya no se voltean los huevos, para dejar que los pollitos se coloquen, y se aumenta la humedad para facilitar que el pollito rompa la cáscara.
Causas posibles: huevo no fecundado, conservación deficiente o demasiado larga antes de la incubación, temperatura o humedad inadecuadas, volteo insuficiente o debilidad del embrión. El ovoscopiado permite descartar pronto los huevos claros.
Cuidando cada etapa: reproductores sanos y bien alimentados, huevos frescos y limpios, conservación breve y correcta, temperatura y humedad estables, volteo regular. Es el rigor de conjunto lo que marca la diferencia.
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